Historia de un transgresor del Sábado
Tenemos un dato muy curioso en el libro de Números, acerca de una persona que quebrantaba el día de reposo. Digo curioso, porque no se revela el origen a qué pueblo pertenecía esta persona. No explícitamente, aunque implícitamente podríamos suponer que este hombre era un extranjero. El carácter expresivo de los textos parece hacer referencia a ello. Observe lo que dice: «Estando los hijos de Israel en el desierto, hallaron a un hombre que recogía leña en el día de reposo. Y los que le hallaron recogiendo leña, lo trajeron a Moisés y a Aarón, y a toda la congregación; y lo pusieron en la cárcel, porque no estaba declarado que se le había de hacer[Aquí se puede ver el principio de una ley apodíctica]. Y Jehová dijo a Moisés: irremisiblemente que muera aquel hombre; apedréelo toda la congregación fuera del campamento. Entonces lo sacó la congregación fuera del campamento, y lo apedrearon, y murió, como Jehová mandó a Moisés». (Nm. 15:32-36).
Esta es una ilustración de un pecado desafiante. Cuando se determinó que se había cometido una violación premeditada de la ley del día de reposo, la pena fue la muerte. No importaba si fuera nativo o extranjero. La ley se había dado para todos y todos eran responsables ante ella.
Observe las palabras "hallaron a un hombre", "irremisiblemente muera aquel hombre" son características que nos llevan a suponer que este hombre era un extranjero. Estas características son dadas en el veredicto del sábado en la ley casuística, antes mencionado: «... el que lo profanare... porque cualquiera que... aquella persona será... cualquiera que trabaje en el día de reposo, ciertamente morirá».
Es interesante recordar que el día de reposo no empezó a ser obedecido cuando Dios entregó a Moisés sus Mandamientos. Antes de que se dieran los Diez Mandamientos, el día de reposo había sido guardado. Observe lo que dice el libro de Éxodo en su capítulo 16 versículo 23: «Y él les dijo: esto es lo que ha dicho Jehová: mañana es el santo día de reposo, el reposo consagrado a Jehová, lo que habéis de cocer, cocedlo hoy, y lo que habéis de cocinar, cocinadlo; y todo lo que sobrare, guardadlo para mañana». Este Mandamiento es la ley más antigua de todas las leyes formuladas. Su antecedente se remonta desde el origen de la creación de Dios (Gn. 2:2, 3). No sabemos si en verdad Adán, Noé, Abraham guardaban este día como día de reposo. La escritura no lo dice, aunque en Génesis 26:5 encontramos un comentario acerca de Abraham que guardaba fielmente los Mandamientos de Dios. De donde podríamos deducir que estos hombres si guardaban el sábado. El ejemplo más claro y contundente que el día de reposo es tan especial, es por el ejemplo mismo de Dios. Él ha sido el primero en mostrarnos que este día debe ser un día especial dedicado a Él. Ya se nos ha dejado seis días para nosotros para involucrarnos en todas nuestras faenas. Él solamente nos pide este día para que se lo dediquemos completamente. Esto es lo que nos enseña el relato del pueblo que Dios había sacado de Egipto. Quizá, esta ha sido la causa del porqué la Escritura no nos revela si los antecesores de Moisés consagraban este día para El. Él conocía perfectamente este pueblo y sabía cuál era su debilidad. Por eso, Dios es muy expresivo al darles su consejo en lo que debían de hacer cuando salieran a recoger el maná, para probarlos si eran obedientes o no a sus leyes. Esto es lo que claramente Dios le dice a Moisés: «Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo, y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo los pruebe si andan en mi ley o no. Más en el sexto día prepararán para guardar el doble de lo que suelen recoger cada día» (vs 4 y 5). ¡Qué lección más tremenda la que Dios preparó para este pueblo! Únicamente podían recoger la porción de un día, ni más ni menos. Un gomer por cabeza. No podían guardar para el día siguiente. Observe que es lo que pasó: «Mas ellos no obedecieron a Moisés, sino que algunos dejaron de ello para otro día, y crió gusanos, y hedió; y se enojó contra ellos Moisés» (v. 20). La segunda prueba consistía que en el sexto día tendrían que recoger dos gomeres por cabeza, es decir, la porción de dos días, a fin de no salir el séptimo día. Tenían que cocinarlo el mismo día, y lo que sobraba, se dejaba para el día siguiente. Lo contrario de la orden que se les dio la primera vez. Y esto fue lo que sucedió: «y ellos lo guardaron hasta la mañana, según lo que Moisés había mandado, y no se agusanó ni hedió» (v. 24). En todo esto el pueblo no falló, y pudieron darse cuenta que la obediencia siempre es recompensada con el bien. Contrario de lo que ya había sucedido. Pero para el colmo de sus curiosidades y testarudez, el pueblo sale a recoger maná el séptimo día y no hallaron. «Y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo no queréis guardar mis mandamientos y mis leyes?». (v. 28) Dios sabía que el corazón de este pueblo era muy incrédulo, por esa razón Dios tuvo que utilizar un «mecanicismo» bastante estricto para regular sus comportamientos, hasta que, finalmente, comprendieran que el día de reposo no podía pasarse inadvertido. Esto quedó registrado como lección para ellos como, también, para nosotros, y para que nos demos cuenta que el obedecer o el desobedecer siempre conlleva una consecuencia. Por fin el pueblo llegó a entender esto, cuando Dios mismo vuelve a advertirles: «Mirad que Jehová os dio el día de reposo, y por eso en el sexto día os da pan para dos días. Estése, pues, cada uno en su lugar, y nadie salga de él en el séptimo día. Así el pueblo reposó el séptimo día». (vs. 29 y 30).
Baste, con esto, para informarnos que el día de reposo no tuvo su origen en el Sinaí cuando Dios entregó a su pueblo sus Mandamientos, sino, como hemos dicho, fue incluida como confirmación de una ley antigua.

