
Libros para la formación cristiana (inéditos)

El hombre es, fundamentalmente, un ser de carne y hueso; actúa, piensa y siente, porque no es una máquina sin cerebro. Pero no todos actuamos, pensamos y sentimos de igual manera. Así como cada uno de nosotros somos distintos en nuestro aspecto físico, de igual forma somos en nuestra manera de actuar, pensar y sentir. Pero, ¿qué es lo que nos hace tan distintos de las demás personas? La respuesta es objetivamente clara: nuestro carácter.
Hablar del carácter es hablar en términos de personalidad. Y aunque en la actualidad se han propuestos varias teorías al respecto -sin siquiera llegar a una razón concluyente-, la mayoría de estudiosos en la materia coinciden en que la personalidad se estructura sobre la base del carácter y del temperamento. Por sí, estos tres estadios no son independientes, sino que se intercomunican unos con otros. Por fin, ya sea que hablemos del carácter de una persona, o de su temperamento, o de su personalidad, estamos haciendo referencia a su forma de ser, de actuar, o a su forma de comportarse moralmente, es decir, a su estado psíquico.
Jamás debemos de pensar, como a veces suele suceder, que una conducta mal dirigida o un hecho disparatado, es causa de un carácter que poseía ya estas peculiaridades. El pensar a sí es creer que todas nuestras acciones vienen fatalmente predeterminadas. Entonces no tienen sentido las autoridades que persigan a un malhechor, o un juez que está interrogando al acusado, si de todas maneras cada quien encontraría su propia excusa. El ser humano por sí mismo es colaborador en la formación de su carácter y es responsable de a donde lo dirige. ¡No hay excusa!
La obra está dividida en tres partes, de acuerdo a tres direcciones que debemos encauzarlo: las relaciones con la sociedad, las relaciones con el trabajo y las relaciones consigo mismo.
La obra va dirigida especialmente para los obreros (ministros, pastores) cristianos que ministran y sirven al Señor a través de sus vidas en otras personas, y que desean hacerlo con mayor eficacia para que sus ministerios sean bendecidos para la honra y gloria de nuestro Dios. No obstante, es un valioso material para la formación de nuevos líderes en las iglesias y que bien pueden ser repartidos en forma de talleres.
Hector C. Jaffé

