¿Mandamiento nuevo o renovado?

29.08.2019

Más arriba hicimos notar algunas características acerca del mandamiento nuevo que Jesucristo dio a sus apóstoles. Aquí daremos otra explicación para poder entenderlo más a fondo:

«Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros» (Jn. 13.34).

Este pasaje a simple vista, pareciera mostrar que Jesucristo agregó un mandamiento más a la Tora. Sin embargo, si esto es cierto, Jesucristo pecó contra el mandamiento establecido que su mismo Padre había dado a los hijos de Israel de no agregar o quitar parte de los mandamientos. Esto es lo que dice:

«Cuidarás de hacer todo lo que yo te mando; no añadirás a ello, ni de ello quitarás» (Dt.12.32)

Para poder entender esta verdad, aseverada por Cristo, debemos de ubicarnos en el contexto de la enseñanza. En la segunda carta del apóstol Juan 1.5 leemos: «Y ahora te ruego, señora, no como escribiéndote un nuevo mandamiento, sino el que hemos tenido desde el principio, que nos amemos unos a otros»

Resulta, entonces, un dilema con respecto a estos dos pasajes. ¿Es o no es un mandamiento nuevo? Nuestra repuesta quizá no sea tan convencedora, pero podemos afirmar que sí era un mandamiento nuevo, y a la vez no lo era. Tratemos de definir bien esta cuestión. Los judíos llamaban a los principios de sus tradiciones una halaja.[1] Halaja le llamaron, primeramente, a la Tora, luego a sus tradiciones orales y después escritas, como el Talmud, un comentario que ellos tenían de la ley y del Tanaj. La halaja o halajot (plural) que ellos habían creado era una fórmula que ellos aplicaban a la ley para hacerla más comprensible y factible. Sin embargo había halajot que iba en contra de una correcta aplicación, porque en vez de hacerla más comprensible, la ponían más complicada que desvirtuaban el contenido real del mandamiento. Pongamos dos ejemplos sencillos para entender que es una halaja. Por ejemplo, en Mateo 23.23 leemos:

« ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello».

Pregunto ¿En qué parte de la Tora está escrito que el hombre tiene que hacer estas cosas? No existe. ¿Por qué? Porque es una halaja que los rabinos habían introducido para exaltar el mandamiento divino y así no desviarse de él. Sin embargo, vemos que Jesucristo, el Gran Rabino por excelencia, no les dijo que estaba mal la halaja, sin duda, era buena; lo que no estaba bien eran sus corazones, porque se olvidaban del verdadero propósito del mandamiento y por extensión de toda la Tora, que la unifica e intensifica. Estaba bien que le dieran vida a la halaja, pero, como dijo Jesucristo, sin dejar lo más importante de la ley, es decir, la justicia, la misericordia y la fe.

Otro ejemplo de halaja, que sin duda alguna debilitaba o contradecía los mandamientos, lo encontramos en el Evangelio de Marcos 7.8-13 veámoslo:

«Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: los lavamientos de los jarros y de los vasos de beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes. Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición. Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente. Pero vosotros decís: Basta que diga un hombre al padre o a la madre: Es Corbán (que quiere decir, mi ofrenda a Dios) todo aquello con que pudiera ayudarte, y no le dejáis hacer más por su padre o por su madre, invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido. Y muchas cosas hacéis semejantes a estas».

Aquí vemos que la posición de Cristo es muy diferente en cuanto a la halaja de los rabinos. Vemos que Él les echa en cara sus halajot, porque con esto debilitaban el mandamiento del korban (ofrenda que se tenía que presentar en el templo). Así, pues, si un oferente había designado, por ejemplo, 30 piezas de plata en ofrenda al Señor, y viendo la necesidad económica de sus padres quería tomarla para ayudarles en sus necesidades, la halaja decía, quizá en especie de sentencia, que ya no se podía utilizar, aunque sus padres estuvieran muriéndose. De esta manera debilitaban el mandamiento de "honrar a los padres".

Veamos otro ejemplo que, quizá, podría darse en nuestra propia vida. Supongamos que usted ya ha apartado su diezmo respectivo para dárselo al Señor, pero en un momento dado su padre o su madre enferma de muerte, y no teniendo ellos la posibilidad económica para sufragar gastos médicos ¿qué haría en ese instante? ¿Dejaría morir a su padre o a su madre, sólo porque ya su diezmo ha sido apartado para Dios? O ¿lo tomaría para ayudarles a beneficio de su salud? Por supuesto que, en esos momentos, lo más razonable sea tomar el diezmo, sino existe otra posibilidad, para comprar medicina o sufragar gastos médicos, porque si no actuamos así quebrantamos el mandamiento de "honrar a los padres". Pero si actuamos de forma indiferente, dejando morir a nuestros padres, teniendo, únicamente el diezmo a nuestra disposición para ayudarles, y no lo hacemos, caemos en un fariseísmo descontrolado. Por supuesto que eso sería una excepción a la regla, pero es necesario, en este caso, aplicar el principio que el mismo Maestro enseñó cuando dijo: «Porque los pobres siempre los tendréis con vosotros, más a mí no siempre me tendréis» (Jn. 12.8). En este caso -creamos o no-, el diezmo siempre estará con nosotros, nuestros padres no.

Comprendamos, pues, que cuando Jesucristo enseñaba «un mandamiento nuevo os doy», hacía referencia a una halaja mesiánica para exaltar y conducir mejor el mandamiento de "amar al prójimo". Otra manera de comprender este pasaje es ir directamente al original griego y ver que significa esta palabra. Así, pues, encontramos que en el griego, la palabra 'nuevo' viene de kainos que ha sido traducido al español por 'nuevo', cuya connotación es de 'renovación'. Sin embargo, también encontramos otra palabra que los judíos aplicaban para 'nuevo', y es neos, cuyo significado primario es 'nuevo' o una cosa 'nueva'. Vemos, pues, que kainos, en su contexto dado es de renovación, no nuevo en principio. Por ejemplo en Lucas 5.38 tenemos estos dos términos bien definidos, veámoslo:

«Mas el vino nuevo [neos] en odres nuevos [kainos] se ha de echar; y lo uno y lo otro se conservan» (énfasis agregado).

Aquí podemos notar que neos se refiere al vino 'nuevo' (algo que es elaborado en principio), y kainos se refiere a los odres o a las vasijas 'nuevas' (algo que solamente se renueva).

Otro ejemplo que, quizá, nos parezca extraño lo encontramos en Hebreos 8.8 relacionado al nuevo pacto, y dice así:

«Porque reprendiéndolos dice: He aquí vienen días, dice el Señor, en que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo [kainos] pacto» (énfasis agregado).

El término utilizado por el autor es kainos para 'nuevo', no en el sentido de que es nuevo en principio, sino 'nuevo' en propósito. Es por eso que el 'nuevo' Pacto no debemos entenderlo como algo que ha sido hecho 'nuevo' en principio, sino como algo que ha sido renovado. Ahora surge la pregunta ¿cómo es que ha sido renovado el 'nuevo' Pacto, y no hecho 'nuevo'? por las siguientes razones:

· El 'nuevo' Pacto sigue teniendo los mismos destinatarios que el Pacto anterior: Israel.

· El nuevo Pacto sigue teniendo el mismo convenio que el anterior: la Tora (ley)

· Es un mismo Dios que establece el Pacto

· La promesa fundamental es la misma: «Yo seré tu Dios y tú serás mi pueblo»

Comprendiendo esto, ya podemos entender qué significado tenía kainos en el mandamiento de Jesucristo. ¿En qué manera significa que el mandamiento de "amar al prójimo" es renovado? En el sentido de que nos tenemos que amar, con la misma intensidad, como Cristo amó. ¿Cómo lo hizo? Entregándose a sí mismo a la muerte para darnos vida eterna.

Vemos, pues, que la halaja de Jesucristo está correctamente aplicada al mandamiento de "amar al prójimo", interpretada de la forma más correcta de la que creían los rabinos y, quizá, los discípulos; y renovado frescamente para aplicarla en nuestra vida cristiana.

Ya que hemos tocado el tema del "amor al prójimo", es conveniente observar otro aspecto de suma importancia, que es "el amor a los enemigos. Veámoslo:

· El amor a los enemigos

«Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen» (Mt. 5.43, 44).

Aparentemente vemos en estos pasajes que Jesucristo está enseñando algo contrario de lo que está escrito en la Tora. Las expresiones «oísteis que fue dicho, pero yo os digo» se prestan a un equívoco, pues se cree que el Maestro, con estas expresiones, está dejando sin vigencia la Tora. Pero ¿eso es realmente lo que enseña el Mesías? O ¿acaso el amor es un principio nuevo que nos trajo el Maestro? Quizá algunos piensen que sí, pero si positivamente esto es cierto, pregunto ¿no enseñaba a amar la Tora? ¿Enseñaba entonces la Tora a odiar a los enemigos? Claro que no. El amor a los enemigos enseñado por Jesucristo no es un mandamiento nuevo, sino un mandamiento que ya había sido dado a los judíos antiguamente. Constatemos esto:

«No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová» (Lv. 19.18).

«Porque Jehová vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande, poderoso y temible, que no hace acepción de personas, ni toma cohecho; que hace justicia al huérfano y a la viuda; que ama también al extranjero dándole pan y vestido. Amaréis, pues, al extranjero; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto» (Dt. 10.17-19).

No obstante, muchos al leer el pasaje de Mateo 5.43 creen que la Tora enseñaba a odiar a los enemigos. Muchos piensan así. Es por eso que con las expresiones «oísteis que fue dicho, pero yo os digo» se imaginan que Jesucristo estaba enseñando algo contrario. ¿Qué es entonces lo que Cristo quiere dar a entender con su enseñanza? Quizá vaya a la redundancia, pero vuelvo a enfatizar, la Tora no enseñaba a odiar a los enemigos, sino a amar al prójimo, y prójimo es todo ser humano sin importar si es o no nuestro enemigo. Los Salmos imprecatorios parecen invitarnos a ello: odiar a los enemigos. Como por ejemplo el Salmo 139.21y 22 dice:

« ¿No odio, oh Jehová, a los que te aborrecen, y me enardezco contra tus enemigos? Los aborrezco por completo; los tengo por enemigos».

Un conocimiento parcial de este pasaje, y otros, puede desviarnos del verdadero sentido. No debemos olvidar que la mayoría de los Salmos están escritos en un lenguaje totalmente poético, y para entender esta clase de literatura, debemos ceñirnos o conocer las reglas de la poesía para no aplicarles una interpretación equivocada. Debo decir que, aquí, el salmista no está invitando a odiar a los enemigos con todo su ser, sino a desaprobarlos por cuanto son enemigos del Creador, es decir, lo que debemos odiar de ellos son sus actos perversos, no sus personas. El apóstol Judas nos enseña que debemos aborrecer la ropa contaminada usada por ellos (Jud. 1.23). Por supuesto Judas no nos está enseñando que odiemos su ser, sino sus malos actos. Por lo tanto, la Tora no enseña a odiar a los enemigos, sino a amarlos. Note los siguientes pasajes:

«Si encontrares el buey de tu enemigo o su asno extraviado, vuelve a llevárselo. Si vieres el asno del que te aborrece caído debajo de su carga, ¿le dejarás sin ayuda? Antes bien le ayudarás a levantarlo» (Éx. 23.4, 5).

«Si el que te aborrece tuviere hambre, dale de comer pan, y si tuviere sed, dale de beber agua; porque ascuas amontonarás sobre su cabeza, y Jehová te lo pagará» (Pr. 25.21, 22).

Vale decir entonces que las expresiones pronunciadas por el Mesías cuando dice: «oísteis que fue dicho, aborrecerás a tu enemigo» hacen referencia a una falsa interpretación y enseñanza de los rabinos de la época, que por deducción pensaban que el mandamiento de "amar al prójimo" su contraparte era "aborrecerás a los enemigos". Nada más que equivocados. Ya que lo contrario del amor no es el odio sino la indiferencia. Por ejemplo, yo no amo a Pablo, pero esto no significa que lo esté odiando, sino únicamente, me porto indiferente. Aunque la indiferencia no se debe tampoco interpretar drásticamente, sino únicamente diferentes en cuestión de incompatibilidad.

Así, pues, lo que nuestro Maestro trató de enseñar, fue para corregir la mala interpretación que los rabinos habían hecho del mandamiento, ya que la frase "aborrecerás a tu enemigo" no existe en la Tora.

El asunto se pone más serio cuando nos confrontamos con la enseñanza de "la Ley del Talión". Analicemos ahora que se propone enseñar nuestro Maestro al decir:

· La Ley del Talión

«Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, vé con él dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses. Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen» (Mt. 5.38-44).

Desde una perspectiva antisemitista, es decir, al rechazo a todo lo que es de origen judío, fácilmente podríamos caer en el error de pensar que Jesucristo estaba enseñando algo contrario de lo que estaba escrito en la Tora. Sin embargo, al estudiar los pasajes que se relacionan a la Ley del Talión, nos damos cuenta de que estas leyes, de carácter permisivo, fueron dadas con el fin de que los castigos fueran justos, bajo la medida de una instancia civil. Es decir, tal cual era el daño que se ocasionaba tal era la medida de su castigo aplicada por el dañado. Pero esto no se podía aplicar sin que se estuviera presente en una corte civil. Observe lo que dice el siguiente pasaje:

«Cuando se levantare testigo falso contra alguno, para testificar contra él, entonces los dos litigantes se presentarán delante de Jehová, y delante de los sacerdotes y de los jueces que hubiere en aquellos días. Y los jueces inquirirán bien; y si aquel testigo resultare falso, y hubiere acusado falsamente a su hermano, entonces haréis a él como él pensó hacer a su hermano; y quitarás el mal de en medio de ti. Y los que quedaren oirán y temerán, y no volverán a hacer más una maldad semejante en medio de ti. Y no le compadecerás; vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie» (Dt. 19.16-21).

Si nos ubicamos perfectamente sobre este pasaje, nos damos cuenta que estas leyes fueron dadas para que no existiesen excesos al momento de cobrar una deuda pendiente, y aún evitar derramamiento de sangre y pérdidas de vidas humanas injustificadas. Todo esto tenía que aplicarse bajo una medida justa, pero de ninguna manera viene a fomentar la venganza.

Si esto es así, ¿entonces que pretendía enseñar Jesucristo cuando dice «pero yo os digo»? como ya se dijo, esta ley de la represalia, tenía el propósito de quitar la venganza de las manos de los particulares y entregarlas a los magistrados, sin embargo, este mandamiento también fue desvirtuado por algunos, pues la miraban como una oportunidad para vengarse con sus propias manos, lo cual era contrario a las indicaciones de la Tora. Observe como miraban los perversos esta ley:

«No digas: Yo me vengaré; espera a Jehová, y él te salvará» (Pr. 20.22).

«No digas: Como me hizo, así le haré; daré el pago al hombre según su obra» (Pr. 24.29).

Sin embargo, como lo vimos en el libro de Deuteronomio 19.16 al 21, el castigo aplicado era para erradicar el mal dentro de la nación contra aquellos que no se sujetaban a obedecer los mandamientos de Dios. Así, pues, Jesucristo no venía enseñando algo nuevo, contrario de lo que ya estaba escrito en la Tora, si así lo fuera, entonces quiere decir que podemos «levantar falso testimonio» contra nuestro prójimo, según el pasaje de Dt. 19.16-21 con lo pronunciado por el Mesías «pero yo os digo» en Mt. 5.38-42. ¿Quiere decir esto, sin embargo, que si alguno levanta falso testimonio, adultere o mate, la iglesia consienta en ello, ya que Él me manda que lo bendiga o le dé de comer? Claro que no. Jesucristo no tiene esa perspectiva. Él hace alusión a una venganza desproporcionada y carnal que pudiera darse por una ofensa moral, como "meterte en pleito, robarte la ropa, etc." No olvidemos que en este caso nuestra justicia tiene que ser mayor, ya que si vivimos bajo el régimen del Espíritu, no tenemos por qué actuar carnalmente, sino más bien mostrar misericordia, facilitarle el perdón a alguien que nos causó el agravio, y no actuar por las pasiones carnales que nos conducen a cobrar venganza desmedidamente.

Recuerde que todas las enseñanzas dadas en la Tora de carácter moral deben ser interpretadas desde la óptica clave que nos da Jesucristo: «si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos no entrareis en el reino de los cielos». Volvemos a repetir, en ningún momento Jesucristo enseñó algo contrario de lo que está escrito en la Tora.

Cabe destacar, que si bien todas las leyes morales, como las que hemos estado considerando, no son del todo abolidas, todas han de interpretarse dentro del contexto de una «justicia mayor». Esto es elemental para poder interpretar todas las leyes de carácter moral que han sido transferidas al nuevo Pacto.


[1] Es.wikipedia.org./wki/Halajá

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